Tan en serio que se
inunden de flores las calles y se pierda en la espesura el miedo. A
vivir como quien viaja en un tren sin rumbo fijo, sin parada en
ninguna parte. ¿Y si probamos a guardar la brisa entre los párpados,
a rescatar la inocencia, a susurrar las palabras que nos estallan por
dentro? ¿Y si jugamos? Imagina que lo extraño se vuelve cotidiano y
que surgen amapolas de tus dedos: todo aquello que idealizas se
vuelve eterno. Qué fugaz es el deseo, ¿verdad? ¿Y si volvemos a
detener el tiempo? Quizá regresar sea una forma de escapar de
nuevo.
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