domingo, 23 de septiembre de 2012

Sólo verbos: En las sandalias de Madrid




Creo que borré mi libro antes de escribirlo y por eso ahora leo en voz muy bajita… 


 1.   En las sandalias de Madrid


El período lectivo siempre acontece de un modo inconsciente, casi inhóspito. Desolador lleno de vagos recuerdos. Proporcional a la cantidad de rencor que se iba acumulando en una parte de mi pequeño infierno.

Se había acabado el verano, en realidad nunca lo había inaugurado oficialmente. Mi alma, o lo que quedaba de ella, yacía en un piso sin nostalgias ni te quieros que bordeaba las sandalias de Madrid.

Todo había ocurrido muy rápido, justo ese día se había ido la persona que más tiempo había estado a mi lado; sola en la ciudad había emprendido el arriesgado proyecto dejar de fumar. ¡Justo ese día! Y me di cuenta de que siempre necesitamos algo que nos vaya matando lentamente, pero sobre el que tengamos el poder de modificar sus dosis dependiendo de las ganas de incrementar el sentido agonizante de la supervivencia.

La adolescencia iba pasando a la vez que me resignaba a pensar que yo nunca tendría de eso. Nunca en el hipotético caso de que tuviera algo.

Madrid, la ciudad de tus deseos, y un poco de septiembre o algo así.