martes, 20 de marzo de 2012

La eterna juventud de José Luis Sampedro


Las autoridades ocupan sillas, siempre, al principio de habitables espacios cerrados, al comienzo de inamovibles protocolos, al inicio de parafernalias y formalidades. En la mismísima perfección del quedar bien. Detrás de los estandartes: espectadores, asistentes, oyentes ensimismados con las palabras de José Luis Sampedro.

Creo, aunque las doctrinas no se constituyen más que en la fe del confiado, que no hace falta presentación para Sampedro. Escritor exquisito, humanista y economista español; un gran ejemplo a seguir, empezando por `escribir para vivir´ porque sino ¿qué sería la vida?

El Ateneo en colaboración con la Universidad de Málaga rindió homenaje a José Luis Sampedro el miércoles 20 de marzo con un acto celebrado en el Rectorado de Málaga a las 19:00 horas. El protocolo está demás cuando se homenajea a un autor de estas características, “lo primero es él” como dijo Diego Rodríguez Vargas, presidente del Ateneo de Málaga.



Con un “gracias maestro” María Isabel Calero Secall, vicerrectora de Extensión de la UMA, se dirigió a Sampedro. Maestro, por supuesto, no hay mayor elogio que ese en una sociedad de mercancías efímeras y mensajes de crisis que intentan esconder una crisis mayor, una crisis de valores. Dónde la libertad de expresión parece ser real, pero para ello tenemos que tener antes libertad de pensamiento.

Todo eran halagos y palabras que destacaban la figura de un escritor al que ni sus canas inmersas en años de sabiduría, ni su bastón (a la izquierda siempre) ni su atuendo sumergido en pliegues de un irremediable paso del tiempo, ponían en duda su juventud. Nada, más allá de las físicas muestras de literarias experiencias, puede alejarlo de la definición de un joven con todas las letras.

Con ser le bastaba a Jorge Guillén, pero si con un simple cambio de gafas desde una distancia proporcional a unas cuantas personas y un gesto se pueden transmitir la cercanía de un susurro, un aliento de humildad… No basta con ser, no es suficiente con existir, la existencia se llena de metáforas y paralelismos absurdos.

Finalmente bastó, aparte de premios y obsequios, cuando José Luis Sampedro observó al público desde su mirada arrugada de grandeza y comenzó a hablar pidiendo perdón por `venir para decir que no puede venir´. Disculpándose por su estado de salud. Como él mismo dijo “soy un moribundo con permiso de recreo”.


Cuando un artista crea es por necesidad, comentaba el escritor. Es su manera de expresarse, y siempre en soledad. Es como cuando escribes un mensaje y lo pones en una  botella y al arrojarlo al mar este te devuelve la botella abierta. Mostrar ese mensaje y que a la gente le guste.

Leer a Sampedro es vivir la narrativa, es viajar hacia ti mismo. Creo que yo tampoco coincido con el punto de vista de Javier Arenas cuando este dijo que no recomendaba a nadie leer “La sonrisa etrusca”, y pienso que no tengo mal criterio si estoy de acuerdo con el autor del libro.

Sampedro es de esas personas que bucean entre aplausos por méritos propios y navegan con la mayor humildad que derrocha la sabiduría. De esas personas de cuyas manos emanan literatura, conocimientos exactos, saberes perfectos. “Larga vida, intenso amor”  decía Juan Ceyles Domínguez, escritor y poeta. Yo me quedaría con la expresión del periodista y escritor Guillermo Busutil “cuando sea joven  quiero ser como usted”.