jueves, 13 de septiembre de 2012

De religión: poeta




Decía el novelista francés Jean Cocteau que el poeta es un mentiroso que siempre dice la verdad. La verdad, un término complicado de explicar por lo sencillo del concepto. Tan frágil e indefenso como estoico y despiadado. Pero, ¿dónde está la verdad? ¿Qué es?

Pareciera que estoy dando voz al escritor Jorge Bucay con su interpretación de la felicidad. Aquello tan hermético que suscita la difícil tarea de vivir simplemente para conformarnos con esa búsqueda. Pero no. Las similitudes, mal llamadas casualidades, sólo se basan en no querer ver las diferencias.

La verdad se encuentra en los estantes de las bibliotecas (excepto cuando las ganancias mercantiles conllevan a publicar demasiado). Puede que no exista otra forma de verdad más directa que en las bibliotecas. Mejor dicho, puede que no exista  otra forma de verdad. Y quizá la poesía sea una de las maneras de decir la verdad que aún sostiene con fuerza su silueta.

La falsedad es innata pero la poesía nos expropia de supersticiones y fetichismos. Ahora que se llaman políticos a los discípulos de  Ángela Merkel en complicidad a su sex appeal, se llama educación al adiestramiento subvencionado, reformar a deformar, religión al fracaso. Rumores. Mentiras.

Chantal Maillard, la escritora malagueña nacida en Bélgica, es un ejemplo de verdad en las estanterías. Con ese estilo que perpetua la dilatación del alma. Haciendo filosofía de la poesía o, dicho de otra forma, rompiendo a versos lo metafísico. Abastecerse de palabras como refugio de la perversidad. Y saber de ellas, conocerlas en su retazo como la verdad que divisan.



Versaba Maillard:

"...Te supe frágil y desnudo,

Tan frágil eras, tan desnudo

Que se quebró tu sombra al respirar..."

Escribir es una necesidad, la necesidad de decir la verdad. Porque el resto es una construcción de banalidades aderezadas con la fe del iluso. Las creencias y el conformismo hacia ellas. Todo un sistema para destrozar estanterías con libros. Tal vez esta sea la única forma de verdad porque solo escribiendo estamos realmente solos. Cualquier lamento indeciso es demagogia.

 Columna publicada en La Opinión de Málaga el jueves 13 de septiembre de 2012