martes, 26 de julio de 2011

Periodismo de puzzles entreguerras, pero del color del dólar


Titulares con metralletas, noticias a balazos, comunicados a base de tanques, notas de prensa que caen cual pelotón de fusilamiento en época de Franco.
Como ese puzzle de 10000 piezas al que le falta una de ellas. En realidad, al puzzle no le falta ninguna, el pack venía completo. Pero nosotros, al separar en bolsitas las piezas por tonos de color, al dejar  que el típico curioso que entra en casa ponga las piezas que le da la gana para concluir orgulloso “bah, si está tirao”… Al exponer los pequeños pedacitos que encajaban a la perfección  a diversos cambios, dejamos que uno de ellos se perdiera por el camino.
A causa de esa pieza es por la que siempre acabamos estresados. Mirando los mismos sitios quinientas veces. Haciendo a todo el  que nos rodea buscar la maldita piececilla. Y, luego, por arte de magia, la encontramos cuando menos lo esperamos.
El periodismo es un puzzle, un compendio de figuritas con forma simple, con tinte complejo. Una casita de muñecas continuamente en construcción.
Se busca la pieza fundamental del periodismo. No como carrera, título o trabajo. Periodismo de calle, del día a día; periodismo como escuela de vida.

Cada día hay más gente informada (el debate sería si bien o mal informada). Tanto es así que algunos autores hablan de infoxicación. Montones de datos y acontecimientos que colapsan nuestro “gatekeeper”. Queremos saberlo todo, es más, queremos saberlo ahora. Consecuencia de esto es por lo que redes sociales como Twitter tienen éxito.
“Entonces Twitter siempre ha existido” comentan ancianitas de mi barrio al explicarle esta red. Un vecindario del sur que en verano saca sus sillas a la puerta por las tardes y comentan los TT del día. Que hacen sus corrillos como listas de Twitter. Que retuitean sus cuchicheos de barrio en barrio y, a veces, los viernes seleccionan los mejores.
Esto, volcado virtualmente, expandiendo sus barreras  hacia un sistema internacional, reemplazando el modo “maruja” por el de “corbata” (como estas ancianitas comentaban)… Ya nos suena más.
Pero, aparte de debates en torno al nuevo periodismo, de redes, tecnologías; aparte de opiniones y creencias. El viejo periodismo nunca muere, como la vieja música. Viejo periodismo ya no referido al típico impreso a papel que se recoge a las ocho de la mañana junto al café sin azúcar y las legañas pegadas a los ojos. Sino al viejo periodismo como fundamento.
El fundamento del viejo periodismo, del auténtico. Que como el color verde de los dólares en Estados Unidos es resistente a todos los disolventes conocidos. Prueba de falsificaciones.