martes, 14 de enero de 2014

El afán perdido de un proverbio


Algún día yacerán los compromisos blindados por las azoteas, el grito del viento acunará las almas perdidas y el destino será sólo el afán perdido de un proverbio. Algún día no muy lejano, espero, se arrastrarán por el suelo las cordiales distancias. Alguien hablará de la soledad y todo aquel suspiro inocente le dará una bofetada en ese victimismo cruel. Llegará el tiempo en el que se partirán las esquinas de las horas y el vestido de las manecillas del reloj arropará los futuros.

Alguien me dijo que las promesas son las formas encubiertas de decir `no´, a ese alguien le debo mis principios, mi bufanda contra el frío, mis maneras sin formas. Escribir es lo único que no le debo a nadie. Escribo por necesidad, por escribir, por la tozudez  absurda de buscar el punto y final en un título que denota los delirios de un teorema de Silvio Rodríguez. El punto que es la bisagra que intenta unir un impulso barato de nostalgias y gritos de impotencia. El planeta está lleno de puntos finales perdidos.

Sin embargo, nadie me habló de compañía. Nadie canalizó los roces inconscientes de la cobardía. Parece que la temperatura de las sonrisas ajenas se mide en monedas de misericordia. Y un niño llora en la calle. Parece que las reuniones de similares se cuentan con la literatura innecesaria de los desvanes de temor. Y las lágrimas del niño desnudan la verdad de un mundo que necesita grupos de afines para no desentonar, conjuntos de iguales que sólo están ahí para los puntos en común.


Algún día, cada cual tiene el suyo, se dará cuenta de que no hay que preguntar para recibir un ``sí´ o un `no´, no hay que buscar para encontrar ese algo que se destila en el lugar de los objetos perdidos, no hay que pedir para obtener o perder definitivamente. No hay que derivar en testigos para subsanar la incertidumbre. Sólo hay que escribir para que, al menos, ese día exista un momento.