domingo, 1 de septiembre de 2013

El último lector



Me surge un dilema, un conflicto, casi una batalla de tantas que se desencadenan en mi guerra particular cuando mis sentidos se enervan. El silencio es mi fiel aliado, cuando él no está finjo ser una persona más de esas que caminan cabizbajas para sí mismas. Pero inconscientemente lo busco, lo necesito cada vez más. En realidad no sabría explicarlo. Quizá no lo entienda ni yo. Fuera todo son voces y a veces consigo sumergirme en ellas sin que nadie averigüe mi camuflaje. Pero otras veces no puedo esconderme. Dentro de mí las voces se escuchan más fuerte y entonces debo de silenciar las voces de fuera para expulsar las de dentro. Es algo así como un límite que debo controlar, el hilo de seda mental de un equilibrista.


Existen dos formas de controlar esa locura: una es intentar hablar con esas voces interiores, contradecir todo lo que digan, negarlas y esperar. Otra es escribir, comercialmente a esta locura se le llama inspiración pero el que escriba por necesidad sabe que en realidad es la única medicación que contrarresta esas voces. Lo demás es sólo dinero.