jueves, 11 de abril de 2013

Retórica semidesnuda



“Habré de escribir un día cómo el hombre que aprende a amar, a tientas probablemente”. Con estos versos, Cuestiones aplazadas, de Antonio Lucas, ese gran periodista que no deja que pase ni un día sin poesía. Con ellos, con el humo tenaz que perfumó alguna vez el rostro de una artista como lo fue, para muchos, Sara Montiel, y con la eterna juventud de José Luis Sampedro tal vez se pueda afrontar la pereza literaria que despide algún que otro rugido desde la sumergible pero impermeable barra de un bar. Poesía y nicotina: verdad e inspiración.
                   El poeta en el periodismo es aquel Quijote eterno con psicodelias en prosa. La lírica de la sinrazón, del despecho más recóndito;  la ironía de intentar pintar un picasso con unos pinceles quebradizos y arcaicos. Pero los trazos son los que dirigen cada alegoría, los versos son los que desinfectan cada desastre noticiable. Ya desde el siglo XIV periodistas y literatos devoraban a la Real Academia Española a través de polémicas. Entre los atisbos de Mariano de Cavia y la imposibilidad de obstaculizar una actividad, el periodismo, franqueada por la soberbia. Pero las noticias ya se conocen o, al menos, se desarropan; la literatura es lo que hace de un hecho una historia, de un desfalco un final con moraleja por el que intentar sobrevivir.
                   Recordando a César González Ruano se tiñen los rugidos de la barra de aquel bar con resignación e impasibilidad como la procedente del alcohol de las comisuras de sus labios. “Nunca me interesó mucho ni poco el periodismo como al periodismo, y lo tomé como medio más que como fin, procurando desde mis primeros momentos hacer literatura en periódicos, más exactamente que periodismo literario”, decía. Y es que probablemente el mensaje siempre esté ahí, desnivelado, acosado y adulterado con etéreas esterilizaciones, pero se puede adornar. Se puede gesticular a través de literatura. Aderezar con las historias de a pie, con sensaciones. Confeccionar un periodismo de símiles y susurros, de respiraciones y formas de anhelar, concebir una retórica con una vestidura inexorable.


Columna publicada en La Opinión de Málaga el 11 de abril de 2013