jueves, 25 de abril de 2013

Las venas del silencio


Silencios embadurnados en un constante desperdicio de confesiones. Somos así. Esa es la conclusión resumida y conceptualizada en un haz de términos incoloros y reposados, sin intentar abrir las cicatrices, que se derrama al prestar un poco de atención a unas cuantas mesas en las que sólo quedan los restos de mezclas de bebidas alcohólicas, colillas ensalivadas y objetos innecesarios de los que solemos llevar encima pero no sabemos por qué.
Silencios por hablar demasiado, pero siempre de lo mismo. Por ser siempre unos niños que al llegar a descubrir ciertos dogmas ya sólo saben aferrarse a ellos. Nos afianzamos en un lugar, ya sea por lo que nos han contado de él, lo que hemos vivido o lo que pensamos que podríamos hacer en ese sitio, y lo realzamos como si fuera nuestro Dios. Nos encerramos en una ideología, aunque ya dicen que no existen, asistimos a mítines dónde dicen lo que queremos oír, en los que se cuenta lo que ya sabemos, pensamos y respiramos. Leemos el mismo periódico, la misma sección, el mismo columnista. Lo mismo pasa con las cadenas de televisión, las emisoras de radio, las páginas webs€ Pareciera, por no suponer que es así de forma testaruda, que necesitamos diariamente que nos confirmen lo que pensamos, que nos den palmaditas en la espalda. Vemos todas las películas de ese autor que creemos todopoderoso, quizá sólo veamos películas románticas, de miedo, de ficción€ Sólo leemos poesía, o ensayo; novelas históricas o simplemente no leemos. O, lo que es peor, continuamente recomendamos lo mismo. Elogiamos a las mismas personas. Siempre.
Silenciosos por afirmar que alguien no puede ser bueno en lo que hace si no piensa como nosotros pensamos. Por juzgar antes de hacerlo nuestro, antes de explorar otras realidades que pueden, o no, tener tanta razón como tenemos nosotros. Porque así lo creemos. Por haber secuestrado nuestros propios ideales en defensa de un equipo de fútbol o un concurso de televisión. Callados con la misma estrofa del tipo de música que nos gusta sin probar el resto. Acomodados, resignados, casi sumisos.

Columna publicada en La Opinión de Málaga el 25 de abril de 2012