viernes, 15 de febrero de 2013

La escritura como forma de vida



De un tiempo a esta parte, escribir en España es llorar, como dijo Larra. Claro que si abarcamos más territorios geográficamente, definimos la palabra escribir no sólo con el sentido de literaturidad con la que el romántico la habría acotado y miramos hacia mucho más tiempo atrás: escribir es casi una forma de vida.

Desde que la luz de una fogata en alguna remota caverna prehistórica se decidiera a constituir una señal, un símbolo, todo intento de plasmar un recuerdo ha sido llevado a cabo a lo largo de nuestra historia y se ha desarrollado tanto que no creo que pudiésemos vivir sin la escritura. Cualquier objeto en la antigüedad era utilizado para fijar recuerdos o acciones cotidianas, después (resumiendo muy y mucho un proceso de miles de años) numerosas figuras eran dibujadas en todo lo que entonces tenían a su alcance. Hasta llegar al alfabeto, diversas formas de creatividad se contemplaban por cualquier lugar propicio para ello. Esto da muestra del ingenio que sacamos de nuestro interior cuando necesitamos algo. Y, la necesidad que existía en ese momento era la de comunicarse.

            En la actualidad no le damos mucha importancia al proceso por el que ha ido pasando la escritura. Nacemos y en poco tiempo aprendemos a comunicarnos con ella. Es algo que está ahí y no nos paramos a pensar lo importante y necesario que es. Por supuesto, cualquier cosa tiene un lado bueno y uno malo, a la escritura le podemos destacar como peligroso su poder demagógico y manipulador, además de muchas otras cosas que dependen del uso que se le dé.

            El problema aparece cuando los seres que inventaron la escritura (por generalizar en el tiempo a causa de la raza humana) van destruyéndola poco a poco. El fondo de la escritura nunca se destruirá, es una especie de energía: no se destruye, sólo se transforma. La alteración de esta forma de vida está causada por la rapidez. Sí, esa palabra que aparenta ser indefensa e ingenua. La rapidez, unida a la comodidad a la que tendemos siempre a defender por encima de todo, ha creado una sociedad tecnológica que reduce cada símbolo que se encuentra a cenizas.

140 caracteres son `demasiados´ para reflejar lo que sucede en la actualidad. El leguaje es la base de la escritura y, cada vez más, lo vamos disminuyendo hasta hacer de él un simple aullido de la Historia. Téngase en cuenta los típicos mensajes de WathsApp y otros desvaríos. Escribir en estos tiempos es una actividad que se reduce a la administración, marketing, etc y, creo, que no se le saca todo el partido que se podría.

            Me considero amante de la literatura, y pienso que cuando llegó a su máximo esplendor se acabó el desarrollo de la escritura de golpe. Por supuesto que es indispensable en nuestras vidas, pero su uso es muy básico. Ahora ya no hay libros como los de antes, ya no hay un Larra. No quiero llegar a ser pesimista pero, remontándonos muy atrás, ya no se reconoce El poema de Gilgamesh ni, quizá, se saluda a Safo de Lesbos.