jueves, 14 de febrero de 2013

Aristóteles se deshace



 Los santos siempre me produjeron algo de grima, no es por una razón en especial, o sí. Eso de estar libre de culpa es cuanto menos misterioso. Y el santo que hace que hoy se incremente la compra de elementos cursis, dicho tal vez con la boca pequeña, no es para menos. Es como el día en el que un ordenador publicó a los sesenta segundos del final del partido de fútbol americano entre los Badgers de Wisconsin y los Rebels de la Universidad de Nevada una crónica. ¡Un ordenador! Sabes que ya nada será lo mismo. No sé si les pasa lo mismo en este día. Ya no se sabe si las cosas se hacen por compromiso o por falta de él.
           
He de dar alguna explicación para apoyar el sinsentido que para mí refleja cada fecha señalada y, quizá, sea tan ilógico que no llegue a aclararlo con palabras ni con inverosímiles rencillas. Los argumentos son, en algunos casos, muy volátiles. (Que canten en tu interior los niños como en el final de Los fantasmas de Goya no tiene nada de malo en este momento.) Acaso todo se puede solucionar con el ethos, pero sin llegar a escudriñar en la moralidad perversa. Que el remedio para todo esto sea destacarlo desde el punto de vista  del prestigio y la reputación, pero eso ya es tan inalcanzable... Probablemente, lo más sencillo sería defender mi agnosticismo a base del pathos. Sería algo así como defender tus ideas fisgando en los sentimientos de quién no piensa como tú o, aunque piense igual, no lo muestra. Una partida de ajedrez entre la demagogia y la ineptitud. Muchas personas lo intentan, a veces, sin darse cuenta, espero. Algún catalán de El Mundo, el dueño de `una idea, un párrafo´, el autor de Dos monstruos juntos, cierto tango de la guardia vieja… No me gusta dar nombres.

Aristóteles se deshace. Y no digo que lo haya destrozado yo en este caos o los que intentan la jugada perfecta. Lo disolvieron entre tilas e infusiones perniciosas, entre Paulo Cohelo, Erich Fromm y compañía. Ya no quedan argumentos ni justificaciones razonables, sólo hay florituras. Por eso hay que asumir que días así van a repetirse hasta la saciedad y, al menos, si participan de ellos, háganlo bien. 

Columna publicada en La Opinión de Málaga el 14 de febrero de 2013