viernes, 23 de noviembre de 2012

El teorema de Crichton




Frágiles como las cumbres cuando se derraman por las laderas, se ciernen sobre nosotros cual topografía mal estudiada. Vulnerables como Gaza, esa superficie de terciopelo y encrucijadas. El techo de una orden de desahucio, el relinchar cansado de aquellos caballos gaditanos. Maleables.

La inteligencia emocional se mantiene en un puesto muy atrasado, gracias a esa debilidad que se postula como característica innata en el modelo narcisista que configuran los humanos. Los impulsos nos controlan, somos influenciables, inestables. La mayoría de la gente domina el verbo fácil; se posicionan ante una situación: a favor o en contra. Lo que no analizan es lo que hay tras ese posicionamiento. Vulnerables. Al contrario de lo que se presupone, alguien no tiene más éxito por tener más apoyos. Sencillo es mostrar sonrisas por doquier y demostrar una hipocresía propia de los ángeles. Frank Sinatra decía que para tener éxito hay que tener amigos; pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos. Un compañero con gafas de sol para interiores transcribe con la ayuda de Michael Crichton: si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada”.

Risto Mejide, es el portador de esas lentes de las que hablaba. El 20 de Noviembre salió a la venta #Annoyomics, el arte de molestar para ganar dinero, el cuarto libro del director creativo publicitario, colaborador televisivo y escritor, más conocido por su paso por Telecinco. El libro es un mapa de marketing. Más allá de las opiniones que cada uno tenga sobre el autor (debilidad muy común), #Annoyomics refleja un tipo de arte contemporáneo del que no se habla (al menos en público), el de molestar. José Mourinho molesta, Ryanair molesta, Michael Moore molesta, Lady Gaga molesta, Julian Assange molesta, Benetton molesta, John Galliano molesta, Salman Rushdie molesta. Pero es que el Renault Mégane, en su día, también molestó. Y Madonna y BMW y Apple e incluso Jesucristo.”

En esa etapa a la que llaman educación, se dedican a limar las rarezas que cada uno posee. Eliminan la forma de que seamos únicos, la manera con la que podemos molestar para obtener beneficios, económicos para el autor del libro. Pero, claro, ya dijeron aquello de “no pienses en un elefante”.


Columna publicada en La Opinión de Málaga el 22 de noviembre de 2012