jueves, 16 de agosto de 2012

Nuestro particular `Movimiento Pánico´




La resaca nos concede una tregua en la orilla. La misma que quedó impregnada por unos fuegos muy artificiales con los que pretendían inaugurar mantones de manila y rosas de plástico. Allá por 1935 todo hubiera supuesto un eterno suspense con el afán diletante de Alfred Hitchcock subiendo escalones. Arrabal es justo eso: `el afán de´ o, al menos, el lado poco diletante.

Seguimos en nuestra querida noria con imperiosa vocación de ser el centro de un Jardín de las delicias que no sabemos cultivar. Y en el lecho de nuestro particular incendio forestal queda el verano del pánico. Surrealismo a punta de  metáfora imperante como método de `explicación´ de un agosto por la mitad. En efecto, las metáforas prescinden de una finitud prudente. Esas jornadas de puertas abiertas todo el año odian ser giratorias. Pero no hay forma de asesinar con arma blanca estas comparaciones.

Navegamos hacia un `mineralismo´ que se instauró cuando un señor con áurea compostura pretendía el humor en La Noche de TVE en 1989. Fernando Arrabal podía esconderse en aquel hombre con blanquecina barba desaliñada. Y bien, `el mineralismo va a llegar´.

El innombrable duplicó sus cuarenta años el sábado pasado, liberando tras de sí 500 páginas publicadas por Raúl Herrero con la participación de Kundera, Ionesco y Beckett.


Y, ahora más que nunca, adoptamos su `Movimiento Pánico´ como forma de vida. El café La Promenade de Venus pudo ser el origen de ese pánico que ahora nos acorrala en la sociedad de los tweets teledirigidos. Semejante a la pluralidad - ubicuidad.

«El pánico […] es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la 'seriedad', es el canto a la falta de ambigüedad... Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio... Y todo lo contrario», explicaba Fernando Arrabal.

Y así es nuestra sociedad. Ya decían que el nombre `Pánico´ se inspira en el dios Pan, que se manifiesta mediante tres elementos, nuestros tres elementos: terror, humor y simultaneidad.


Columna publicada en La Opinión de Málaga el jueves 16 de agosto de 2012