jueves, 30 de agosto de 2012

Fotoperiodismo vintage




Más de mil palabras, vocablos vacíos sobre los que cabalgamos cual Quijote sin hidalguía alguna. El altruismo es un tupé de los años 50. Pero una imagen vale mucho más  que eso.

El periodismo en general, dicen, se reinventa. Monotonía indecisa e imprudente. La crisis vigente, de valores me refiero, traduce el fotoperiodismo en particular en `fotillos´ de BlackBerry. Acostumbrados desde la supervivencia en pañales a pedirlo todo prêt-á-porter, aceptamos esa traducción digna de Google.

El tan nombrado intrusismo es lo de menos, las legalidades son relativas, y más ahora. Hemos de aceptar que si alguien es bueno, lo es y punto. Independientemente de la “titulitis”, pues “la universidad solo brinda armas de corto alcance”, como decía el fotoperiodista Enrique Meneses.

La cuestión que nos ocupa es la filantropía de escaparate instaurada, y siempre a favor del sarcasmo rutinario. No importa que hablemos de fotoperiodismo o de otra forma cualquiera de transmisión de autenticidad, ya nada es necesario. En el mundo de los saberes superfluos nada es imprescindible porque todos sabemos de todo. Bueno… Esa es la religión del siglo XXI. La actitud es magnificar `ceremonias´, ya que es gratis, y la palabra gratis es mágica.

Esta profesión medida entre balance de `blancos´ efusivos en el encuadre rústico que nos acompaña se puede disfrutar en festivales como Visa por l´Image. Con el característico fotoperiodismo internacional de Jean-François Leroy, su director, en Perpiñán (Francia). Numerosas firmas de mujer se reflejan en la edición de este año, como Stephanie Sinclair, la fotógrafa del National Geographic. Igualdad ante la cámara a la que el director del festival no le dio importancia, pero que supone un gran avance.
                                                                                        
Al margen de eventos como este, jugando al ajedrez, el reportaje gráfico o fotoperiodismo concentra su presente en un Sit Suan;  considerando no mover ninguna pieza como única jugada posible. Entre pequeños periodistas creados, cambios en el modelo de negocio, uso de programas de manipulación de imágenes y demás agregados dramáticos. 



 
Columna publicada en La Opinión de Málaga el jueves 30 de agosto de 2012