jueves, 9 de agosto de 2012

¿Estudias o trabajas?



Obsoleta ha quedado ya la peculiar forma de comenzar una conversación que llevará a los comensales de tan elaborado aperitivo a iniciar un ligue esporádico. O no. ¿Estudias o trabajas? Esa es la cuestión.

En el ahora más cercano, analizar esta pregunta puede llevar a crear una ciencia formal similar a las matemáticas. Estudiar. ¿Qué es eso? Si nos basamos en el esquema que nos mantiene en las profundidades hasta hoy, todo es muy fácil. Estudiar es rellenar unos papeles para ser uno más dentro de los parámetros fijados. Teorías y teorías. Es curioso cómo a la gente le gusta acumular diplomas y certificados de tochos interminables evaporados por los cigarrillos de después. Curioso también cuándo se clasifican por títulos `estudiados´, aunque sin conocimientos adjuntos.

¿Y trabajar? Pues es igual de sencillo, si no fuera una utopía. Convalidar licenciaturas y saberes esporádicos por horas de sueño. Golpear bolígrafos en una oficina llena de fotos de la familia a la que no ves, conceder autógrafos en papel reciclado e incluso intercambiar antipatías ajenas.

A los veinte años, esos por los que el escritor francés Paul Nizan no dejaría a nadie que le dijera que esa es la edad más bella de la vida, reírte es lo menos que puedes hacer en el momento en el que te hacen esta pregunta. Supongo que a Manuel Alcántara le gustaría ser poeta ante todo, pero sigue siendo verano en Málaga…

Pues bien, alienarse es una moda. Hacer lo que se supone que debes hacer y deshacerlo en los ratos de ocio. Ser algo para entrar dentro del círculo y guardar como aficiones las cosas que de verdad sabes hacer. Si no tienes un `padrino´, y no precisamente el de Coppola.


Mientras tanto toca prepararse para ir a la Feria y callejear de recinto en recinto simplemente para saludar. Las casetas serán las prisiones privadas de las cervezas calientes y los vestidos prestados. El decorado con flores de plástico ideal para la tormenta imperfecta.

Por cierto, creo que la próxima vez que me hagan esa pregunta “¿estudias o trabajas?”, responderé: “Tú tampoco puedes rescatarme”.


Columna publicada en La Opinión de Málaga el jueves 9 de agosto de 2012