domingo, 15 de julio de 2012

Un Quijote en crisis



Ahora vivo (bueno, vivir es un decir) rodeada de casas de verano y turistas fatuos. En frente de mí, un pequeño jardín, creo. Pasean inocentes chiquillos, gritan por la noche concediendo sus horarios a las minoritarias oportunidades de somnolencia equivocada. Tienen esa risa ingenua que sólo pueden tener ellos. Puedes pasarte toda la tarde intentando descifrar cómo hacen para mantener esa mueca, la sonrisa, siempre. Imaginas que cuando crezcan serán introducidos en esa masa de gente, la sociedad. Ojalá Peter Pan no fuera un cuento. Que subirán peldaños para bajar escaleras. Los ves ya con corbatas políticas, con  tacones precoces en el don de caminar, con impuestos, préstamos e hipotecas imperecederas.

Niños con Adidas como primera palabra cuya realidad difiere, sin ellos ni siquiera darse cuenta, de la de los hijos del Tercer Mundo, como los de Gaza. Los niños de Gaza tienen una situación “ocupada y bloqueada, dónde no entra nada”, como alertó la presidenta de la Asociación Al-Quds, Cristina Ruíz Cortina. Hay que reconocer la dificultad que ha tenido este año la Asociación para organizar la XI Velada de Música de Gibralfaro en solidaridad con los Pueblos del Mundo Árabe, celebrada el pasado viernes 6 de julio. Una tertulia solidaria con dosis de notas musicales, como Marwan, en un espacio entre pinos y eucaliptos.

Criaturas, las que observo desde mi estudio domesticado, dirigidas en base a `Bolonias´  por doquier y juegos extensibles. Juegan al fútbol en memoria de las banderitas de España que les rodean para demostrar que somos españoles, sí, buenos sólo en el fútbol. El juego por excelencia que no se pierde con la edad, sino que se intensifica como el buen vino (hablando de alcoholismo).

Quién fuera un ingenioso hidalgo. Adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. ¿Quién no querría serlo? Sin domicilio alguno, sin apellido de castidad. De mediana edad aceptada y con la misma sonrisa de un niño. Quijotes de vacaciones reciclados siempre en un café con sal. Sin residencias, por Dios, sin acotar más la poca libertad que nos queda.  

Columna publicada en La Opinión de Málaga el jueves 12 de julio de 2012