lunes, 16 de abril de 2012

Mis primeros 80 años


` ¿Qué quieres ser de mayor?´ Me preguntaron una vez.  Miento. Una vez, no. Son preguntas que se hacen constantes con el paso del tiempo y atormentan, sobre todo, los dieciocho libertarios. Son palabras que se hacen irónicas cuando el contorno de la edad se hace perenne.

Ya desde el patio de colegio, entre falditas inocentes y piropos desfasados, se desprende un ` ¿qué quieres ser de mayor?´ Desde ahí y para siempre.

Con la mirada ingenua, inexperiencia, pero con el control imaginario de una veteranía sobrada, las respuestas a esta pregunta se hacían monótonas, se me hacen monótonas. Mis contestaciones, me acuerdo perfectamente, se remontaban al ingenio de lo inesperado. Siempre dando pasitos atrasados hacia un futuro incierto de infantilismos políticos provocados para ello. Risas por no saber qué decir.

Recuerdo rizos, alboroto ondulado impaciente, alboroto también en las mejillas. Y mi respuesta utópica camuflada en una imagen. Una alegoría en forma de olor a mar, con una mesita de madera rasgada de literatura imaginaria, o no. Y mareas subiendo con la luna en unas pupilas jubiladas. Y sabor a sal. Y sillas vacías, menos dos hamacas: la que ocupaba una melena nívea manchada de pequeños reflejos perfumados y la que una niña pequeña destrozaba a sonrisas.

Eso era lo que quería ser de mayor, sólo eso ¿para qué más? Simplemente eso y sin mayores pretensiones.

Quería ser esa mujer, con los ochenta en las arrugas de la sabiduría, que se conformaba con pequeñas caladas de cigarrillos con parkinson, con beber pequeños sorbos de Bailey templado y atardecer poemas al alba. Lo deseaba, lo soñaba. Imaginaba que el viento mecía lágrimas secas y pasaba las páginas del libro que tenía en mi regazo, en las manos de la anciana. Las pasaba saboreando mis letras en él, mis palabras chapoteando sobre ese lienzo literario…