sábado, 10 de diciembre de 2011

19 años y furiosas noches



Voz grave, ronca, áspera de vino blanco barato. Arrugada por el tiempo pero tiempo pasado. Vacía inconsciente, conscientemente imaginado.

Humo sin cigarros, sin puros pijos de barrio. Pitillos sin labios.

Paredes negras de sombras inestables. Anclas que solo rozan un fondo lejano…
Mareados, incomprensibles, desesperados. Sillones rotos de bares de carretera. Sin luces, gasolina de sobra. Cerveza.

Dar por hecho que eres poeta, periodista sin título, titular sin reparo. Psicólogo literato, novelista mendicante, enfermero de antojos, médico de relato.

Embriagados, como todos, sin procedencia, herencia, licencia... Lúcidos inmaduros acomplejados por naturaleza.

Nada dentro de lo normal. Ebrios de locura. Resaca de literatura. Comas etílicos de simple dulzura. 

Este adiós no maquilla un hasta luego,
Este nunca no esconde un ojalá,
Estas cenizas no juegan con fuego,
Este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo,
Esta letra no la protestaré,
Ahórrate el acuse de recibo,
Estas vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre
No voy a permitirle que taladre
Un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
Este loco se va con otra loca,
Estos ojos no lloran más por ti.
                                                                                                 
                                                                                                                      Joaquín Sabina