sábado, 27 de agosto de 2011

Cita a ciegas con Irene


Otra vez escribiendo, pero esta vez por el hecho de tener que estar encerrada un fin de semana en un hotel.
Irene me acompaña, aunque no tengo el placer de conocerla personalmente. Me han hablado hace pocos días de ella en las clases de inglés y ya se ha hecho famosa. Sale en periódicos y en la televisión, hasta la conoce mi madre, aunque yo no tenía la intención de presentársela. Dicen que le gusta el sur de Manhattan. Pasear por Brooklyn, Queens y Staten Island.
No me gusta juzgar las cosas sin conocerlas, pero sinceramente no me gustaría conocer a Irene de cerca. Por su culpa el transporte público y los comercios están cerrados en buena parte de Nueva York y yo estoy desperdiciando dos valiosos días de mi estancia en tierras estadounidenses.
Una de las peores consecuencias de la visita de Irene es la preocupación que causa en el exterior; cientos de mensajes, llamadas, emails. Que en parte agradezco, por lo que para mi significan sus dueños.
Nadie diría que se aproxima un huracán si no fuera por los medios de comunicación y los comentarios de la gente. Un día lluvioso y nublado como cualquier otro. También nos pensábamos que el terremoto en Virginia era el movimiento del metro que pasaba a nuestros pies...
Por lo demás, aquí estamos, en una sala del hotel, esperando con expectación la llegada de Irene. Palomitas en mano con la vista puesta en grandes pantallas que se dispersan por la sala proyectando una de las mejores de Tim Burton, Big Fish. A la vez que nuestros portátiles y demás innombrables de ultimísima generación compiten por conectarse a Internet en nuestro regazo. Un Internet bastante solicitado que descubre la gran paciencia que podemos llegar a tener con el único fin de leer un email o subir una foto.
Por otra parte, Irene sirve como experiencia. Como esas aventuras de algunos reporteros retransmitiendo un tornado, un corresponsal de guerra, una Rosa María Calaf en toda regla; ídolos de los de verdad.
Me gustaría salir del hotel y acercarme a saludar a Irene con una cámara digital de las normalitas a modo de reflex o retransmisión en directo. Me gustaría tener tres añitos más y un currículum legible, no como los de ahora. Hacer de estas vulgares palabras un relato periodístico. Salir a la calle, hablar con la gente, inventar un micrófono enrollando un simple folio de papel. ¿Por qué no hacerlo?