miércoles, 24 de agosto de 2011

Buenos días International House



Hay muchos tipos de buenos días. Los que recepcionistas y limpiadoras pronuncian con sonrisa profiden. Los que exclaman por la calle los que se dan cuenta de que hay una española en Manhattan. Los obligados, los automáticos, los sinvergüenzas. Los estúpidos de la mujer a la que le preguntas en el metro. Los odiosos, los expresivos…Y, luego, están mis buenos días, que comienzan cuando tú me los das.
Como una más ya en el metro, integrándome a fuerza de cruzar semáforos en rojo. 101 Broadway dirección Chambers entre miradas disimuladas bueno, entre miradas que no existen. Los neoyorquinos salen y entran del metro sin mirarse, sin hablar, casi sin respirar.
A la llegada a International House doble dosis de “inteligentes” sonrisas americanas. Buenos días al estilo obligado intencionado. Clases casi particulares de inglés compartidas con un periodista y un estudiante de ingeniería química van a ocupar mis mañanas de 9 a 12:40 durante tres semanas.
Saludos, bienvenidas, lo de siempre. En realidad todo es muy simple cuando lo miras con ojos objetivos.
La primera visita tras comidas con propina obligada, la Zona Cero. Dónde todo se concentra para conmemorar el décimo aniversario del 11-S. Mientras, el temblor del terremoto de 5,8 de Virginia grados a mis pies.
Tras la escalofriante sensación de  que o te haces pasar por americana o un aproximado 50% de todo Manhattan te habla en español… La libertad iluminando el mundo espera.
Una caminata y un ferri, todo para que no puedas subir a la estatua a causa de las grandes listas de espera. Ver el Empire State a los pies de la Estatua de la Libertad y como las Torres Gemelas se reconstruyen en su regazo. El chapoteo de las aves en el agua, el Puente de Brooklyn y tu sonrisa reflejada en el agua.
Descubrir que todo es tan sencillo. Tan simple y tan frágil. Tan perfectamente imperfecto. Que todo tiene una historia. Todos tienen una historia.