domingo, 21 de agosto de 2011

Aterrizaje a lo Rock and Pop


10:30 de la noche, aeropuerto de Málaga y el discurso que todos conocemos de las azafatas.
Un asiento a lado de una ventanilla sin imagen. Sin imagen geográfica, pero con la auténtica fotografía de una gran aventura. Un asiento número 23. Porque tenía que ser 23. Ya lo decía TVE el viernes por la noche “El número 23”. No es un peliculón, pero preferible ante verdaderas catástrofes televisivas. 23 es un número bonito, el día de después. La película, para mí, una mala “Ventana secreta”. Con Jim Carrey a lo Johnny Depp o al menos intentándolo.
En mis manos Lágrimas en la lluvia. Inmersa en las palabreas de Rosa Montero que se mezclan con las  “suculentas” ofertas de las azafatas a la hora de comer. Un partido en el que las voces de los niños, los sobresaltos de primerizos en avión o el propio sonido del ave que roza las nubes, intentan una jugada maestra. Pero las palabras de la autora ganan en los últimos minutos con un fantástico 3-2. Recuerdos de la resaca culé. (Por cierto, 3-2 al revés 23).
Hora de la comida, o eso le llaman. La dieta mediterránea se quedo en las orilla. Y todo un descubrimiento, que la gente toquetea sin sacarle más uso que la investigación científica. La pantallita que hay enfrente; la distracción implacable para cualquier crío.
Sobre movies, Thor o Limitless. Sobre TV Dexter o Family Guys. Y sobe música, los discos de los Beatles y Bon Jovi, mezcla de pop y rock para entrar con buen pie en América. Un poco de “Can´t buy my love” con dosis de “It´s my life”. “Please please me” y “Born to be my baby”. Luego “Baby it´s you”, “always”, “love me do”…
Medicina perfecta para la tortura de los aeropuertos ¿Qué si quiero matar a quién dice?
Medicina también contras recuerdos que quedan en orillas andaluzas. Y, con el permiso de mi querida Rosa, aterrizo con ideas que me ha dejado en la cabeza.

Le deprimía esa hora de la madrugada, sucia, desteñida, con la noche muriendo y el nuevo día aún sin despuntar. Esa hora tan desnuda que no había manera de poder disfrazar el sinsentido del mundo.
Islas habitadas por un solo náufrago en medio de un abigarrado mar de gentes.
Lo imaginó recorriendo la noche husmeando en los más oscuros rincones de la ciudad en busca de un alivio, de una memoria, con la que poder creer, de unos recuerdos que le permitieran descansar durante cierto tiempo.
Una historia muy triste, sí, tan trágica que a veces se le mojaban los ojos al recordarlo, pero una historia que ya no podía sentir como propia, si no como un drama del que tal vez un día fue testigo, o como un cuento que alguien le hubiera contado.
Have a nice day - Bon Jovi