martes, 31 de mayo de 2011

Siempre existe otra perspectiva


Me gusta sonreír a la gente cuando pasa a mi lado, doblar el billete de autobús hasta que no se pueda ver entre mis dedos, escuchar música muy alto para imaginarme otros mundos… Me gusta mirar a los ojos. Me gusta esa sensación de nervios como cuando vas a hacer un examen.
Dos números pares, el 2 y el 8, mis números preferidos, decidieron que se unirían poco después de empezar la primavera para que yo naciera. Un 28 de Marzo, un día con una nieve un tanto insólita, un empezar muy sugerente. Completaba el pack de dos parejitas, familia numerosa.
La predecible tradición decidió que los cuatro hermanos se llamaran como los cuatro abuelos. Y yo, con una diferencia de más de diez años con mis hermanos, recibí el nombre de Maribel. Nombre hebreo cuyo número de la suerte es el 1, número que odio igual que el 7.
Nacemos y nos creamos una perspectiva de la vida. Miles de influencias nos acosan desde nuestra primera respiración, el primer lloro, la primera sonrisa. Miles de sueños, proyectos, pensamientos, opiniones. Miles y miles de personas. Personas que, mirado desde otro ángulo, están ahí por algo, causa y consecuencia, cuestión de inercias.

Pero yo nací, navegando entre las vidas posibles de Mr.Nobody y Amélie. Con relajadas olas nocturnas de Big Fish. Con 500 días de verano en las que un Cisne Negro pasea siempre a mi lado. Con Diarios, pero sin retratos. Nací eligiendo a mi familia, porque la elegí yo. Y, como Mr. Nobody, mi ángel pasó de largo.
Nunca me han gustado mucho los cuentos, soy esa niña que prefiere crearse su propio espacio en el mundo, no buscarlo. Cuando las puertas se cierran siempre hay una ventana que da luz a la habitación, como mi Ventana secreta. La luz viene de todos lados: de una pequeña rendija por debajo de la puerta, de la bombilla que queda encendida siempre en casa, del contestador automático… Pero la luz que a mí me gusta es la de una mirada detenida en el tiempo, de la sonrisa de un niño en el parque, de aquel señor de la calle al que se le da una moneda.
Porque a mí me gusta andar descalza por la orilla del mar, mezclar el sabor del brownie calentito con la helada nata en invierno, imitar a los mimos en la calle. Porque a mí me gusta escuchar en vez de hablar, escribir en lugar de contar. Porque me gusta elegir, probarlo todo. Porque me gusta mirar la vida desde otra perspectiva.