martes, 29 de marzo de 2011

Unos periodistas de copia y pega, una sociedad cosificada





La gran dama del periodismo español, afortunada por haber trabajado en su pasión, describe el periodismo como una forma de vida.

Rosa María Calaf, ex corresponsal de Televisión Española, afirma que sobre el nombre de la ocupación que ha desempeñado se inclinan numerosos mitos. Mitos que transforman a los periodistas y, sobre todo, a los corresponsales, en aventureros, en viajeros infinitos, en héroes.

 Al hablar en una ponencia dirigida a futuros periodistas designó la calificación de “barrera horrible” al micrófono que se encontraba en su mesa. Simpática, cercana, como si de una charla en un ambiente de café después de comer se tratara, pidió disculpas por su voz, afectada a consecuencia de la inauguración del festival de cine de Málaga, donde es jurado de los documentales que se presentan en dicho festival.

La ex corresponsal lleva un tiempo alejada de la línea de la información, pero apuesta porque hay mucho que hacer aún en este mundillo, pelota que deja sistemáticamente en el tejado de los periodistas que aún están naciendo. Saramago decía que él no era pesimista, sino que el periodismo estaba en una situación pesimista. Calaf  insiste en que no podemos ser tan categóricos como Saramago, pero que hace falta más que nunca un periodismo riguroso, que no funcione a fuerza de titulares, que intuya el fondo de las cosas, que destaque lo que interesa realmente.

El periodista es un empleado del hogar que solo ordena lo que otros le ponen por delante, haciendo relevantes unos temas que según la “agenda” son los que deben interesar, temas que prevalecen. El periodista se aleja de su servicio a la sociedad, se dedica a crear información y no a buscarla. Periodistas baratos, periodistas ratoneros, de copia y pega, denominación que utilizó Pepe Comas.

Calaf, aún expresando que se sentía extraña hablando en primera persona, contó anécdotas, relatos que los periodistas primerizos agradecemos, valoramos y apreciamos. Anécdotas ligadas a consejos,  a llamadas de atención ante la sociedad “cosificada” que estamos creando, como niños criados a base de regalos.

Dijo que se intoxica a la sociedad haciéndola creer que está informada, el público es cada vez más peligroso para sí mismo. En la ocupación de corresponsal, como fue su caso, se valora más el hecho de transmitir la información desde el lugar en el que ocurre el acontecimiento que la propia información. Un corresponsal no solo debe informar, porque para eso ya existen otras personas. Hay que entrar en el acontecimiento, llegar al fondo, no dar pura información, sino interpretación, la vivencia y la experiencia del hecho. No incorporarse a la escena cinematográfica como si el periodista fuera un actor. Esto deriva en que el 44% de la población occidental tenga una mala opinión sobre los periodistas.


Lo peor no es que un humorista haga de periodista, sino que un periodista haga de humorista. El mayor problema en el mundo del periodismo es la aglutinación de poderes que concentran algunas personas como Berlusconi (político, económico y mediático). Pero no se vive mirando hacia atrás, solo sirve para aprender, hay que vivir mirando hacia delante.