lunes, 7 de marzo de 2011

Una cadena de solicitudes a la libertad




Túnez, Egipto y Libia son los lugares donde se han desatado los últimos conflictos a causa de un solo propósito:
la libertad                    
                                                                                                                                                                                                                                                                                      
Mientras nuestros partidos representativos (PSOE Y PP) se enfrentan trasladándose la pelota como si una discusión entre “los de ciencias y los de letras”, se tratara,  los líderes de los países del Norte de África, testarudos y obstinados, todavía creen que pueden controlar países a manera de propiedad privada sin derechos ni libertades.

Mientras nos pegamos tortas por querer conducir a 120km/h, estos países claman al viento por un stop, por parar ya de luchas, de bombardeos, de guerras…
Mientras, en general, el concepto de noticiabilidad nos juega una mala pasada causándonos dolor de cabeza por asuntos verdaderamente insignificantes y prescindibles, estos países tan nombrados en nuestros medios de comunicación, como si de un cuento antes de dormir se tratara, luchan por un simple derecho esencial, la libertad.

Libia es el último país azotado por esa epidemia de gobernadores que, descontrolados por el simple hecho de querer más y más, intentan controlar a países enteros y moverlos como pequeños ejércitos hacia sus propios beneficios e intereses.

Quizás, sea esta una oportunidad para reorganizar prioridades y pedir una verdadera libertad, no para nosotros sino, siendo solidarios (concepto que muchos borraron hace tiempo de su vocabulario) materializarla para esos países que la piden y otro porcentaje mucho mayor que lo gritan, aunque en silencio por miedo a las represalias, numerosas zonas que no tenemos en cuenta, por mucha globalización que difundamos.

Pero, discrepando con el dicho popular, nos ha pasado el tren delante de nuestras narices más veces de las que nos merecíamos, pero nunca queremos viajar en él, porque ¿para qué intentar tener el 100% si nos han acostumbrado a conformarnos con el 75%?